Hay pacientes que llegan a consulta pidiendo carillas dentales y, tras el diagnóstico, la respuesta no es sí. No porque no se pueda hacer técnicamente — sino porque hacerlo no sería lo correcto para ese caso concreto en ese momento.
Decir que no a tiempo es una parte del criterio clínico que rara vez se explica al paciente. Este artículo describe las situaciones más frecuentes en las que la indicación de carillas dentales se pospone o se replantea, y por qué esa decisión protege el resultado a largo plazo.
Este artículo tiene carácter exclusivamente divulgativo. La indicación de cualquier tratamiento restaurador debe ser determinada por un odontólogo especializado tras la exploración individualizada del caso.
Una restauración cerámica colocada sobre una oclusión inestable — con interferencias, sobrecarga en determinados puntos de contacto o ausencia de guía canina funcional — tiene un pronóstico comprometido desde el inicio. Las carillas van a recibir fuerzas para las que no están diseñadas, independientemente de la calidad del material o de la técnica empleada.
Cuando el análisis oclusal detecta este tipo de situación, lo correcto es explicarlo al paciente y proponer resolver primero la causa — mediante ajuste oclusal, tratamiento del bruxismo o, en algunos casos, ortodoncia previa — antes de planificar ninguna restauración definitiva.
La encía es la base biológica sobre la que se apoya cualquier restauración cerámica. Si existe inflamación gingival activa, pérdida de inserción o cualquier signo de enfermedad periodontal sin tratar, planificar carillas antes de resolver esa situación compromete tanto el margen de la restauración como su estabilidad a largo plazo.
En estos casos, el protocolo prioriza el tratamiento periodontal. Solo cuando la salud de la encía está estabilizada tiene sentido avanzar hacia la fase restauradora.
Algunos pacientes llegan con referencias de un resultado muy blanco, muy uniforme o con formas que no se corresponden con su anatomía facial y dental. El objetivo clínico de una restauración cerámica bien planificada es que se integre de forma natural — que no se note que es una restauración.
Cuando el objetivo del paciente se aleja de ese criterio, la conversación previa es fundamental. En algunos casos se puede llegar a un punto intermedio con base clínica sólida; en otros, ese desajuste de expectativas hace que sea más honesto posponer la decisión.
Hay situaciones donde lo que el paciente espera del tratamiento no se corresponde con lo que la anatomía o la biología permiten conseguir. Explicarlo con claridad — en lugar de intentar satisfacer una expectativa que no es alcanzable — es parte del criterio clínico y protege al paciente de un resultado con el que después no estará conforme.
Un odontólogo que solo dice que sí no está necesariamente actuando en el mejor interés del paciente. Decir que no cuando el diagnóstico lo indica —y explicar por qué— es lo que permite que, cuando la respuesta es sí, el paciente sepa que esa decisión está fundamentada en un análisis real de su caso.
En el Método GRAS®, esta forma de proceder no es una excepción — es parte del protocolo. La evaluación conjunta del equipo, con el paciente presente, existe precisamente para que estas situaciones se detecten antes de intervenir, no después.
Cristina Gras Odontología Restauradora Avanzada
Paseo de la Bonanova 110, 08017 Barcelona (Sarrià)
institutdentalcristinagras.com · +34 932 157 382
Este artículo tiene carácter exclusivamente divulgativo y no constituye consejo médico ni odontológico. No sustituye en ningún caso a la valoración clínica individualizada por parte de un odontólogo colegiado.
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